Y se descubrió madre en aquel instante y un rumor de voces inundó su cabeza, eran gritos, eran risas, eran gemidos, eran silencios y eran lágrimas que se acumularon durante muchos años…
Y se descubrió mamá y desde ese preciso instante se transformó en un ser especial dotado de la más grande sensibilidad en plena conexión con los más profundos secretos del universo y la vida.
Se guardó para sí este instante cuasi – eterno, así escondido en lo más profundo de sus ser.
De niña había soñado con pájaros y golondrinas pasajeras, había rozado con su piel, con sus pies la hierba fresca de la mañana.
Se había bañado con el rocío de la niebla que acudía y la cubría con su velo blanco y su seno de huairapalte acunaba su inocencia.
Había jugueteado con las flores de mil aromas, y el pino y el ciprés le dieron sus primeros aromas dulce – amargos en la textura de su piel y su cabello.
Su ternura generaba tras de si un mar de misterio e impactaba su profunda mirada de luz transparente.
Había soñado con mil formas de las nubes que tarde a tarde le brindaban el más grande y privado de sus espectáculos solo para si, el aprehenderlas a través de sus sentidos.
Su nombre evocaba la sonoridad de los ríos, las cascadas y el baño de argento de la luna, su nombre ataba los labios y la vida de quién lo pronunciase.
Tenía para si la enorme dicha de ser amada por su madre – abuela y padre, todo junto en un solo corazón y regazo, extraño sortilegio de la vida, para quien solo podía dar amor, a cambio de cualquier cosa o situación.
Se descubrió madre y dos gotas de plata resplandecieron por su cara, abrieron surcos de infinito amor.
Recordó las bandadas de pájaros en el mes de abril, las estrellas de enero, la deshoja de junio, las novenas y los globos de octubre, en fin recordó cada día de su vida.
Se supo parte de un contexto, de unas tradiciones, de una comunidad, de una vida.
Guardó para si los días de fiesta, las canciones de guitarra que supo tejer, el abrigo de un poncho de lana y el calor humano que abrigaba en su seno.
Sus labios expresaron sonrisas frente al dolor de muchos, sus manos se tendieron para todos, su hombro estuvo presto para todo aquel que necesitase.
Comprendió que su corazón albergaba la fuerza de la vida, el amor, y comprendió de angustias y aciertos que acechan y uno mismo construye.
Supo esconder para si los secretos, las voces, los poemas que solo se tornaban carne y besos cuando los evocaba en las profundidades de sus sueños y memoria.
Le sorprendió el regalo más grande de la vida, la vida misma que le entregaron cuando su “mami querida” murió.
Se descubrió madre y comprendió la magnitud de aquel regalo que solo lo hace una madre, entonces una oración fluyó no de sus labios, sino de su alma.
Experimentó consigo misma, y aprendió a sobrevivir en medio de la gente – ruido que estaba cuando aquello ocurrió, sabía que ese no era su destino, su fin, dentro de si bullía la vida, la esperanza, el amor… y no fue comprendida.
¿Cómo pretender acallar el rumor de las olas que rompen en la arena?
Comprendió que su piel es más que piel en los gemidos que se ahogan cuando emprendió la marcha de explorar y explotar su corporalidad y su afecto.
Se vio ante si misma como alguien que quema sus naves cuando llega a un puerto y sin embargo, la dejaron sola…
Descubrió que la soledad le dolía en el alma, en la carne y el los huesos, pero le hacía crecer en fortaleza y determinación.
Fueron los más extraños sortilegios de la vida los que permitieron abrir una brecha casi imperceptible con cercanos latidos que se trenzaron en unas cuerdas de guitarra y unas pocas palabras jamás dichas, pero siempre presentes.
Es una locura lo que acontece, pensó para sí, ¿Cómo es posible que suceda así, aquí, de esta forma y precisamente ahora?, más la vida le responde con pequeños golpes en su vientre, cantaros de amor que se forman en sus pechos, con su regazo que su ajusta, en sus manos que perseveran y un goce enorme, casi cómplice de su bebe.
Limpió unas lágrimas de más y recordó y comprendió la epopeya de su vida, desde ahora y para siempre, la vida se abre paso en medio de la oscuridad, de los cardonales, de palabras vacías y sentimientos absurdos.
¿Será que en los días más terribles y lúgubres se forja la esperanza?, y afirmó para sí las llaves de sus secretos y anhelos…
Más ahora, brillan las estrellas y te cantan una canción de cuna, más ahora la luna te ilumina en las noches cuando duermes, y, más ahora un millón de susurros inundan tus sentidos sincronizando tus latidos.
Y una gota de mis lágrimas se convierte en la firma con que te entrego estas pocas y locas letras que han tomado la decisión de juntarse de esta forma solo para ti.
Un beso, mi más cercano latido.
Cuenca, 20 de octubre de 2004
Y se descubrió mamá y desde ese preciso instante se transformó en un ser especial dotado de la más grande sensibilidad en plena conexión con los más profundos secretos del universo y la vida.
Se guardó para sí este instante cuasi – eterno, así escondido en lo más profundo de sus ser.
De niña había soñado con pájaros y golondrinas pasajeras, había rozado con su piel, con sus pies la hierba fresca de la mañana.
Se había bañado con el rocío de la niebla que acudía y la cubría con su velo blanco y su seno de huairapalte acunaba su inocencia.
Había jugueteado con las flores de mil aromas, y el pino y el ciprés le dieron sus primeros aromas dulce – amargos en la textura de su piel y su cabello.
Su ternura generaba tras de si un mar de misterio e impactaba su profunda mirada de luz transparente.
Había soñado con mil formas de las nubes que tarde a tarde le brindaban el más grande y privado de sus espectáculos solo para si, el aprehenderlas a través de sus sentidos.
Su nombre evocaba la sonoridad de los ríos, las cascadas y el baño de argento de la luna, su nombre ataba los labios y la vida de quién lo pronunciase.
Tenía para si la enorme dicha de ser amada por su madre – abuela y padre, todo junto en un solo corazón y regazo, extraño sortilegio de la vida, para quien solo podía dar amor, a cambio de cualquier cosa o situación.
Se descubrió madre y dos gotas de plata resplandecieron por su cara, abrieron surcos de infinito amor.
Recordó las bandadas de pájaros en el mes de abril, las estrellas de enero, la deshoja de junio, las novenas y los globos de octubre, en fin recordó cada día de su vida.
Se supo parte de un contexto, de unas tradiciones, de una comunidad, de una vida.
Guardó para si los días de fiesta, las canciones de guitarra que supo tejer, el abrigo de un poncho de lana y el calor humano que abrigaba en su seno.
Sus labios expresaron sonrisas frente al dolor de muchos, sus manos se tendieron para todos, su hombro estuvo presto para todo aquel que necesitase.
Comprendió que su corazón albergaba la fuerza de la vida, el amor, y comprendió de angustias y aciertos que acechan y uno mismo construye.
Supo esconder para si los secretos, las voces, los poemas que solo se tornaban carne y besos cuando los evocaba en las profundidades de sus sueños y memoria.
Le sorprendió el regalo más grande de la vida, la vida misma que le entregaron cuando su “mami querida” murió.
Se descubrió madre y comprendió la magnitud de aquel regalo que solo lo hace una madre, entonces una oración fluyó no de sus labios, sino de su alma.
Experimentó consigo misma, y aprendió a sobrevivir en medio de la gente – ruido que estaba cuando aquello ocurrió, sabía que ese no era su destino, su fin, dentro de si bullía la vida, la esperanza, el amor… y no fue comprendida.
¿Cómo pretender acallar el rumor de las olas que rompen en la arena?
Comprendió que su piel es más que piel en los gemidos que se ahogan cuando emprendió la marcha de explorar y explotar su corporalidad y su afecto.
Se vio ante si misma como alguien que quema sus naves cuando llega a un puerto y sin embargo, la dejaron sola…
Descubrió que la soledad le dolía en el alma, en la carne y el los huesos, pero le hacía crecer en fortaleza y determinación.
Fueron los más extraños sortilegios de la vida los que permitieron abrir una brecha casi imperceptible con cercanos latidos que se trenzaron en unas cuerdas de guitarra y unas pocas palabras jamás dichas, pero siempre presentes.
Es una locura lo que acontece, pensó para sí, ¿Cómo es posible que suceda así, aquí, de esta forma y precisamente ahora?, más la vida le responde con pequeños golpes en su vientre, cantaros de amor que se forman en sus pechos, con su regazo que su ajusta, en sus manos que perseveran y un goce enorme, casi cómplice de su bebe.
Limpió unas lágrimas de más y recordó y comprendió la epopeya de su vida, desde ahora y para siempre, la vida se abre paso en medio de la oscuridad, de los cardonales, de palabras vacías y sentimientos absurdos.
¿Será que en los días más terribles y lúgubres se forja la esperanza?, y afirmó para sí las llaves de sus secretos y anhelos…
Más ahora, brillan las estrellas y te cantan una canción de cuna, más ahora la luna te ilumina en las noches cuando duermes, y, más ahora un millón de susurros inundan tus sentidos sincronizando tus latidos.
Y una gota de mis lágrimas se convierte en la firma con que te entrego estas pocas y locas letras que han tomado la decisión de juntarse de esta forma solo para ti.
Un beso, mi más cercano latido.
Cuenca, 20 de octubre de 2004

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